Mi segunda residencia

Pronto acabará la mitad de mi segunda “residencia” pediátrica. Bonito el camino que me ha conducido aquí, con sus subidas y bajadas y cada una de las piedras que encontré en él. Pero eso lo dejaremos para otro día.

Estoy muy agradecida a lo mejor que me ha dado la Medicina. Una decisión que fue más fácil (¡y rápida!) que lo que vendría luego, surgida del corazón y mente de una Silvia joven de 17 años. 6 años de clases y prácticas en el Hospital Clínic de Barcelona, donde nacieron muchas cosas. Muchos y muchos aprendizajes, desde luego, pero también risas, amigos,… y lo más importante: un amor verdadero que, años más tarde, se ha convertido en el padre de mi hijo.

Tras muchas horas de estudio de día y noche y una dura preparación para el examen MIR pude empezar la residencia de pediatría. Para mí, la mejor especialidad que existe (y existirá). Esa primera residencia fue en el Hospital Sant Joan de Déu, que se convirtió en un hogar. De allí me llevé 4 años intensos de aprender, compartir, querer y crecer mucho. Trabajé duro, hice muchas guardias, sentí muchas alegrías pero también viví algunas de las situaciones más tristes de mi vida. A veces es duro ser pediatra, para que negarlo. Allí nació mi Silvia pediatra y mi pilar de la pediatría sobre el que crecer, por lo que estoy muy muy agradecida a cada una de las personas con quien viví esa experiencia y a quienes confiasteis en mi para llegar a ser pediatra. Creo que el hogar donde uno hace la residencia se lleva siempre en el corazón, al menos es así para mi. Gracias de todo corazón por tanto.

Pero como dije hoy me di cuenta que llevo casi 2 años en mi segunda “residencia” pediátrica. Y que mi vida se ha volcado a ella con la misma pasión y foco que en la primera y que está resultando más intensa aún… ¡y con más noches en vela! Las que sois mamás o papás sabéis de que os hablo. Y aunque no cuenta como especialidad médica os prometo que he aprendido, compartido, querido y crecido mucho. Estoy convencida que las maternidades pueden ser motores para impulsar bonitos cambios. Y así está siendo para mi. Un momento para crecer, dar y dar, mirar mucho hacia fuera pero también mucho hacia dentro, y revisarme… También un impulso para continuar aprendiendo, animarme a meter de nuevo mis pasos en la Universidad de Barcelona y formarme sobre cómo cuidar el cerebro de los más pequeños des de la educación emocional. Y luego desde la disciplina positiva. Bonito recuerdo que me llevo de ese inesperable 2020.

Llevo casi dos años en una especie de residencia donde se premia la paciencia y el autoaprendizaje (o no tan auto) y en el que tu “adjunto” es un niño. Y es que los hijos pueden ser tu mejor espejo si aprendes a mirarte en él.

Pronto mi hijo cumplirá 2 años y con ello mis dos años de madre, de crianza y de un hogar de tres.

Grácias a ti simplemente por ser tú, hijo mio. Grácias a Giuseppe por esos casi 2 años y los anteriores, por el cariño y la paciencia. A Lara por ser la mejor hermana, amiga, doula y psiquiatra que podría tener. A ti mama, sobran las palabras. Y a ti papa. Grácias – en mayúscula-a toda mi familiar por estar siempre allí. Tambien a mis amigas de la infancia que son mi otro pilar, Grácias. Y a los que este año, a pesar de una pandemia y un aislamiento forzado, han estado más presentes que nunca. Y, como no podía ser, Grácias a vosotras, mamás del grupo de postparto, por ser mi Tribu, compartir tanto y permitirme ser yo misma.

Silvia Urraca Camps, 12 Diciembre 2020

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